Gurús, paradojas y personajes

En clase de guion nos encanta pontificar sobre la creación de personajes. Te propongo algunas herramientas, pero si lo haces bien, ten cuidado: un personaje vivo te va meter en problemas.

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Omar Little. The Wire

En las clases de guion nos encanta pontificar acerca de casi todo, pero una de nuestra materias predilectas es la creación de personajes. Nos gusta que te creas que nos necesitas a nosotras, las profes, para que te desvelemos  los grandes secretos sobre cómo construir un personaje. En los días malos nos congratulamos en secreto de que una trama se te ha ido a la mierda porque el personaje cojea. Nos encanta decir, “te lo advertí, ese personaje no estaba construido”  Y tu quieres creer que una vez que hayas soltado la pasta del curso y te hayas sentado en el aula a escuchar la homilía, por arte de magia y de una vez para siempre, tus personajes serán memorables y triunfarás como guionista. 

Anda ya, no tengas morro. En el fondo tu plan es vagar de bar en bar buscando amor y unas buenas croquetas de jamón en vez de estar en casa dale que te pego trabajando en el personaje.

Tengo una mala noticia: no hay un método rápido de creación de personajes que te garantice un buen guion. De hecho no hay atajos ni en esto ni en nada que tenga que ver con la escritura. Tranquilidad, de todas formas te voy a contar mis propuestas de creación de personajes. Y allá van más noticias buenas y malas: puedes crear ese personaje memorable sin hacer nada de lo que digan los profes, los manuales y los gurús…Y también puedes  cumplirlo todo a pies juntillas y que salga mal. Lo siento, la escritura, como la vida, viene sin garantía. 

Dicho esto, allá van los titulares de las dos herramientas de creación de personajes que te propongo: por una parte, una creación profunda, larga y detallada. Madeline DiMaggio en su libro “Escribir para televisión” te pide invertir muchas, muchas páginas en la creación exhaustiva del personaje en todos sus aspectos; por supuesto hay un lugar de honor para la característica dominante. Más allá del gran titular, debemos conocer al personaje como conocemos a nuestros amigos de la infancia. Su pasado, sus gustos, sus fobias, sus caprichos, y su vida presente; los detalles se extienden a lo que hace cuando está completamente solo, pormenores que afortunadamente desconocemos de nuestras amistades. No hay una técnica para  abordar la creación exhaustiva, solo hacerlo. La recompensa —dice Madeline di Maggie— vendrá en la escritura por sí sola. Te darás cuenta de que tu personaje es un organismo vivo. Con un poco de suerte has creado un monstruo. 

Me gusta complementar esta forma de creación con la “revelación de la verdadera personalidad”. Dice Robert McKee en “El guion” que tu película debe ser una sucesión de decisiones cada vez más difíciles del personaje tomadas bajo presión “de tal forma que se vaya revelando su verdadera naturaleza, incluso hasta el nivel del yo inconsciente”. 

Creamos, pues, el personaje en profundidad  y construimos su conflicto para que cumpla su función de dar consistencia y gasolina al argumento. Cuando el acoplamiento personaje-trama funciona, nos damos cuenta de que tenemos película; podemos defenderla ante cualquier produc..… Huy, perdona, alguien me está interrumpiendo. Joder, tengo a mi espalda un montón de gente tirándome del pelo y haciéndome burla. Son Elisa, Eva, Oliverio, el Sr. Cruz, Manolo, Emilia. Creo que no están muy de acuerdo con la gran verdad que te cuento en el inicio de este párrafo. De hecho Elisa me acaba de escupir en un ojo. 

Espero que como a mí, tus personajes se te rebelen cuando escribas. 

Te habrás dado cuenta de que este post te propone una paradoja: crear tu personaje exhaustivamente, mucho, desentrañar su conflicto, el que construye la película. Pero hacerlo de tal modo, que el personaje actúe por sí mismo, te sorprenda y te rete.  Una escaleta firme y coherente capitaneada por un personaje libre e incoherente. 

No me resisto a citar a Jean Claude Carrier en una entrevista https://elpais.com/elpais/2015/09/11/eps/1441979883_389419.html

“…Siempre cuento una anécdota que lo resume muy bien. Durante el ensayo de una obra de Pirandello, una actriz le dijo que no era capaz de entender a su personaje: “¿Cómo es posible que diga esto en la página 27 y luego, en la 50, haga lo contrario?”. Pirandello le respondió de forma brillante: “¿Y a mí qué me cuenta? Yo solo soy el autor…”.

Para que el personaje actúe, haz tu trabajo. Yo te he propuesto un par de herramientas, pero si encuentras en el camino un gurú, hazle caso. Puedes usar el Eneagrama, los arquetipos de Jung, las obras completas de Freud, o el Tarot. Clara nos habló en clase del trabajo delicado y apasionante a partir del cuerpo en teatro. Puedes hacer lo que te de la gana, pero hazlo. Olvídate de las croquetas de jamón, renuncia  a encontrar el amor en un bar, al menos por hoy, y siéntate con tu personaje.

Si te lo curras, te espera el milagro de una rubia despechada, una empleada de banco o quizá un conductor de metro con instintos criminales llevándote la contraria y actuando a su bola.