La caracterización de tu personaje

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Mostrar a un personaje, incluso por fuera, tiene sus secretos. Con algunas estrategias sencillas conseguirás que tu personaje se quede en nuestra retina para siempre.

En el curso de guion propongo una mezcla de dos métodos para crear tu personaje. En mi experiencia, da buen resultado la creación muy exhaustiva junto a la construcción en torno a su principal conflicto personal, que muestra diferentes capas del personaje; capas que se van revelando y cambiando hasta llegar a la esencia.

La construcción exhaustiva da al personaje vida, verdad, carne e historia, y la revelación progresiva conecta al personaje y la trama, convirtiéndose en el mejor motor del desarrollo narrativo. Poco a poco iremos desglosando en estos post  aspectos concretos de estas herramientas de creación de personajes.

Hoy me gustaría detenerme un momento en la caracterización, por donde se suele empezar de forma natural a presentar un personaje  durante los preparativos de la escritura de guion. Todos sabemos hacer una caracterización, que no es otra cosa que describir su aspecto físico, pero me gustaría comentar algunas estrategias. Es frecuente durante el curso la pregunta de si hay que dotar al personaje de una caracterización muy cerrada, ¿y si luego encontramos una actriz o un actor con un físico diferente? A través de la práctica acabamos llegando a un consenso entre rasgos físicos generales y aspectos de su caracterización adaptables a cualquier intérprete. Son una especie de declaración de principios visuales y me gusta mucho comprobar cómo casi siempre acabamos encontrando esa perla que coloca ante nuestros ojos a tu personaje único, lo interprete quien lo interprete. La coherencia y el espíritu de esta particular declaración de principios se mantiene, aunque una niña con orejas de soplillo acabe llevando ortodoncia y falda escocesa. Trabajamos, en resumen, con este diálogo entre lo general y lo particular; el trazo grueso y las características intransferibles que perpetúan a tu personaje en nuestra memoria.

Sara nos dejó a Tina, una cuarentona de barrio, deteriorada por jornadas de 12 horas fregando escaleras, un pelo teñido de rubio siempre con raíces y ropa demasiado ajustada para su edad. Inma concibió para su corto a Marcelo (8 años), un niño rico con tez morena y uñas sucias que desentona en un colegio de niños rubios e impolutos. Lleva pantalones siempre rotos por su obstinada costumbre de caerse de la bici. Alberto trajo a este curso a Juan (52), un empleado de banca con pinta de hacer de una transferencia una cuestión de estado. En él solo desentonan, los viernes, las corbatas de dibujitos, acompañamiento inexplicable de su sempiterno traje gris.

También se ha paseado por aquí, esta vez de la mano de Christian, Delia (40), una mujer muy menuda con el rostro escondido tras unas gafas de culo de vaso que viste en plan Audrey Hepburn pero mal, y que tiene una voz un poco chillona. Y nuestro querido Olivier, creación de Mari Jose, ese adolescente con cara angelical que busca su seña de identidad sin pausa, sin convicción y sin acabar nunca de encontrarla: por temporadas adopta una cresta, la ceja cortada, un piercing en la lengua, una visera hacia atrás… “ …pero nunca puede ocultar lo que es, un buenazo que quiere parecer malote”.

La gente normal es así de rara. Tanto, que cuando tu personaje es algo tipo “ chica de 1,65, pelo castaño por los hombros y complexión media”, o “hombre normal para sus 42 años, un poco canoso con gafas”, te propondré que te fijes en quien pulula a tu alrededor y me dibujes con trazo firme aquello que lo hace único. Si tu vecina del tercero estudia guion, a lo mejor lo está haciendo contigo; seguro que te sorprendería comprobar desde la mirada ajena que te miras demasiado en el espejo del ascensor y que  pese a ese cuerpazo esculpido en el gimnasio, tienes unos andares de pato que te darán un lugar de honor entre los personajes del curso,  auténticas joyas de mi escritorio.

Estamos hablando solo del envoltorio. Cuando abrimos el caramelo, empieza de verdad el rock and roll.