Ser bambú, la antesala del éxito

De cara a la preparación de un pitching te propongo convertirte en bambú. ¿Por qué? Si adoptas algunos de sus atributos, en el proceso encontrarás la mejor versión de tu proyecto.

No soy una persona fácil de convencer, pero puedo llegar a creer que viajaste en el tiempo desde el sótano de tu casa, que trabajas como agente del Mosad  desde los 18 años o que en tu vida anterior fuiste un elefante.

Ese milagro puede ocurrir en diez minutos si haces un buen pitching. Por si no lo sabes todavía, así llamamos a la presentación de un proyecto. En el curso de guion presencial y online de Metrópolis tendrás que hacer un pitching de tu cortometraje. Prepararlo es un proceso lleno de sorpresas que puede aportarte como guionista mucha información sobre tu historia.

Ahora no vamos a hablar de contenido. Nos vamos a ocupar de algunos atributos que tienes que trabajarte para afrontar con solvencia el momento de la venta de tu proyecto. Cualidades del carácter, actitudes y habilidades con las que a lo mejor has nacido, y que si no, puedes adquirir con unas semanas de trabajo y un poco de fe en lo que te voy a decir; la única regla segura es que no hay reglas, así que lo primero es que te hagas a la idea de que nos vamos a mover en un terreno donde los detonantes, puntos de giro y clímax se mezclan con conceptos como confianza o aliento. 

Ser como el bambú

Con este titular a lo mejor piensas que estás en un blog de autoayuda, pero no, sigue siendo de guion. En estas páginas te hemos propuesto mirar hacia dentro muchas veces: para dialogar, para buscar el ADN de tu historia, para encontrar la verdad en una trama, en un personaje. Esta vez  te enfrentarás a tu verdad como guionista y te voy a proponer que lo hagas con los atributos del bambú; fortaleza, tiempo y flexibilidad; no te asustes, no vamos a llegar hasta el fondo, solo a lo que nos incumbe para que vendas tu proyecto. 

Fortaleza

Ha llegado el momento de enfrentarte a la calidad de tu proyecto y es frecuente envolver nuestras historias en una bruma de idealización. Ahora tienes que sacarla de ahí y buscar sus puntos débiles, aunque te duela.

En el curso de guion una de las primeras cosas que digo es que es mejor un mal proyecto que un proyecto inexistente. Desde el punto de vista epistemológico, es una obviedad. Mejor algo que existe que algo que no. Una vez que tu película o tu serie existe sobre el papel ya hemos avanzado bastante, pero puede ser buena o mala… Hay muchas malas películas que se escriben, se financian, se estrenan y les va bien, así que no dramaticemos. Si es mala sin remedio puede que tenga una posibilidad de ser comercial. 

Si no lo has hecho ya, ha llegado el momento de pedir a cuatro o cinco personas con criterio que se lean tu proyecto. La fortaleza de tu “yo bambú” consiste en primer lugar en enfrentarte a las críticas. Luego viene tu criterio para decidir qué te sirve y qué no para mejorar tu guion. Y aquí entra el factor tiempo. Perdón, el factor tiempo comenzó antes. 

Tiempo

La gente está muy ocupada, no sé si te has dado cuenta. Si tu “yo bambú” tiene un mínimo de decencia y pudor, intentará ofrecer algo digno a su público: por ahora ese público es un grupo selecto de amigos y amigas pletóricos de buena voluntad y abnegación que van a dedicar el poco tiempo libre de su fin de semana a leer tu película. Por favor, revisa tu proyecto y reescribe lo que tengas que reescribir, que ha llegado el momento de la verdad. Doy por hecho la revisión del formato, de las erratas y los signos de puntuación en su sitio; ya sabes que te recomiendo leer el guion entero en voz alta. Sí, repito, entero en voz alta.

Y con lo que te digan, reescribes de nuevo. Ser bambú requiere al menos dos reescrituras. 

Todo este proceso te llevará a conocer muy bien tu proyecto, y ese conocimiento es uno de los atributos imprescindibles cuando vas a vender una historia. Conocerlo y además amarlo; la pasión es transmisible, y la compra de proyectos tiene una parte de valoración racional y otra irracional. Tu pasión llega a la segunda. Si no amas tu proyecto, haz una terapia de pareja con él y busca el motivo del desafecto, porque necesitamos una historia bien trabajada, que conozcas como la palma de tu mano y que cuentes con el brillo en los ojos de una adolescente enamorada. 

La paradoja de la flexibilidad

Ya hemos dicho que tienes que asumir críticas: escucha, decide, usa tu criterio y escucha más. El tiempo que has dedicado a tu historia no te da la razón en todo. Más cabezonería no es más convicción. Tu película puede mejorar con cambios que de primeras has rechazado. Deja espacio a eso otro que ven los demás, y luego decide, pero no cierres la puerta de entrada a ninguna opinión discrepante. Es un acto de amor hacia tu proyecto, y recuerda, el amor se transmite. 

Luego viene la parte de las cesiones: que tu secuencia preferida se desarrolle en un almacén y no en el parque de atracciones, que tu prota sea Miss Murcia y no una chica del montón y que esa secuencia tan filosófica se convierta en una pelea en barro entre Miss Murcia y otro pibón (ambas semidesnudas). Algunos cambios no le hacen bien a la historia pero le hacen bien a sus posibilidades de financiación . 

Una vez que tu “yo bambú” se mece con la brisa de Sichuan, vamos a  añadir un par de atributos que puedes ir trabajando para llegar preparado, preparada, a tu momento climático, al momento de la venta de tu proyecto. Lo primero, sé consciente de tus habilidades y de tus carencias para enfrentarte al pitching. Si no eres Steve Jobs, tendrás que ensayar tu pitch nueve veces veces en vez de tres; Si no tienes gracia, no metas chistes; si los nervios te han dominado durante los ensayos, practica técnicas para controlarlos. Has cambiado a tu protagonista por Miss Murcia, así que unas cuantas respiraciones ya no te parecerán un sacrificio. 

Y por último, mentalízate para preparar un pitching breve y liviano; no hay que contarlo todo. Aunque esto afecta a los contenidos, aprovecho el momento zen para convencerte de que entres en lo que podemos llamar modo renuncia, un estado que será muy frecuente en tu vida como guionista.

Todo lo que nos tienes que decir sobre tu película es genial como la peli misma, seguro, pero no podemos asimilar de buenas a primeras toda esa genialidad, así que nos quedaremos a lo sumo con un 20 por ciento… Más o menos con lo que te quedas tú cuando otros cuentan su película. Asúmelo y prepárate para la brevedad: vivimos en el mundo que vivimos, en esta industria hay exceso de trabajo y la humanidad tiene el cerebro podrido.  Si te enredas en un pitching largo y denso, tendremos un triste final para esta película: un simpático oso panda se acerca a tu «yo bambú», y después de mordisquearlo con mucha gracia durante un rato, lo engulle sin compasión.