Joyce y la presentación de personajes

Cuando construimos un personaje, la característica dominante y el conflicto interno son cruciales, pero el personaje es algo más. James Joyce, y Leopold Bloom nos dicen por qué.

«El señor Leopold Bloom comía con deleite los órganos interiores de bestias y aves. Le gustaba la sopa espesa de menudillos, las mollejas, de sabor a nuez, el corazón relleno asado, las tajadas de hígado rebozadas con migas de corteza, las huevas de bacalao fritas. Sobre todo, le gustaban los riñones de cordero a la parrilla, que daban a su paladar un sutil sabor de orina levemente olorosa

Esto es para celebrar los 100 años del Ulises de Joyce y de paso dejar aquí una de las presentaciones de personaje más memorables de la literatura, la de Leopold Bloom. Ya sabéis que he dado mucha guerra con la comida toda la vida en diferentes frentes, y me gusta mucho incluir en los perfiles de personaje sus gustos gastronómicos. En la vida real, lo mismo; se me hace difícil entender a alguien sin saber si se comería una dorada a la plancha, un plato de mijo con tofu o un chuletón. Durante el curso aparecen muchas preferencias en estos aspectos secundarios de la creación de personajes; hay personajes que nacen de deportistas tenaces y lo dejan todo por una final de tenis, hemos tenido en clase amantes de perros, gatos o mascotas raras que no conciben un personaje sin conocer su relación con los bichos y gente de orden que se pregunta si su criatura tiene los cajones de su dormitorio lo suficientemente aseados. Vale, no hace falta meter la nariz en los cajones ni en el interior de la boca de todos tus personajes, y por descontado, tampoco hace falta saber cual es su plato preferido para que sea auténtico, pero esto es seguro: somos algo más que nuestras características dominantes.

Cuando construimos un personaje, la característica dominante es crucial, pero no basta. Y Joyce, junto a Leopold Bloom nos dicen por qué. Volvamos a la tierra y veamos un ejemplo del curso on line:

Paula,(25) Acaba de salir de la academia de Policía, es el número 1 de  su promoción. Brillante en criminología, es arrogante, se cree que lo sabe todo, pero la investigación de un nuevo caso le demostrará que los malos están siempre un paso por delante.  Algunas tardes se olvida de todo en un taller de restauración y es justo ahí cuando tiene las revelaciones cruciales. Es católica creyente y muy familiar, los domingos por la mañana si no tiene turno, va a misa con sus padres y luego todos se unen a la familia del hermano y se van a ver el partido de fútbol de liga escolar del sobrino.

(Es un ejemplo de Julia, gracias Julia)

Con este párrafo extraído de la personalidad del perfil de un personaje , encontramos dos cosas: un acercamiento más general con su característica dominante, la que sí o sí tiene que identificar al personaje, y otro acercamiento más anecdótico. No entramos en su conflicto personal ni en su yo verdadero, que Julia construyó a continuación. 

La característica dominante tiene mucha responsabilidad en el enfoque del personaje y en el desarrollo de la historia, y junto al conflicto propio del personaje va a configurar su arco, así que nos obliga a una construcción muy meditada, y por decirlo de alguna manera, intelectual, para poder manejar los elementos narrativos. Pese a su apariencia trivial, la otra parte, los apuntes anecdóticos, tienen motivos suficientes para abrirse paso en el perfil del personaje: suele ser muy visual sin que nos esforcemos en buscarlo y deja asomar la humanidad del personaje, en este caso de Paula. 

Todos los caminos llevan a Roma, y Roma es las imágenes que formamos en nuestra cabeza y las que formará el público. La afición a la restauración nos devuelve la imagen de nuestra policía implacable vestida con una camisa vieja decapando una silla, por no hablar de la salida de misa con los padres y el partido de fútbol. Imágenes.

Para cuadrar el círculo, os animo a buscar también la dimensión visual de la característica dominante. Si tenemos entre manos a una chica impulsiva, podemos ofrecer la imagen de “primero dispara, luego piensa”, y esa imagen se grabará en algún hueco reptiliano de nuestro cerebro. 

La presentación de Leopold Bloom nos arroja una imagen memorable: el personaje comiendo vísceras. Luego Joyce nos lleva a un viaje sensorial hasta el interior de la boca de Leopold, hacia ese sabor sutil a orina que dejan los riñones de cordero a la parrilla. Un viaje que nos deleita o que nos da ganas de vomitar, pero un viaje vivo. Así que Joyce, en el cumpleaños de la publicación del Ulises nos recuerda la potencia visual en la presentación de nuestros personajes, y  casi como consecuencia natural, su presentación en movimiento. De paso nos mete unos riñones en la boca para recordarnos que tenemos como mínimo otros cuatro sentidos. 

Aunque de ninguna manera debemos hacerlo con los personajes, a no ser que sean episódicos de una comedia, cada vez más pienso en despojarme de todas las características de la personalidad, murallas construidas para ser quien creo ser. Puede que el único retrato fiel de mí, sea el de una mujer que adora las patatas fritas. En ese caso, mejor declinar una cita para cenar con Joey (Min 0,25). 

Escribir desde dentro

Antes de abalanzarte sobre la escena dialogada, acércate a tus personajes, o mejor, entra en ellos.

Brenda Blethyn _marianne jean-Baptiste en Secretos y mentiras
Secrets et mensonges Secrets and lies 1996 Real : Mike Leigh Brenda Blethyn Marianne Jean Baptiste COLLECTION CHRISTOPHEL

El otro día, Ruth y yo compartimos una sesión del curso on line dedicada al análisis de la escena. Ruth trajo hasta nuestra sesión uno de los momentos clave de Secretos y mentiras (Mike Leigth, 1996), cuando Hortense y Cynthia, su madre biológica se conocen. En una escena memorable, Cynthia comienza negando que Hortense, de raza negra, pueda ser su hija, puesto que no recuerda  haberse acostado con un hombre negro. Ante nuestros ojos, Cynthia recuerda la relación. Quien ha visto la película no puede olvidar a Brenda Blethyn.

Hicimos todo el análisis de la escena, el que te pido que practiques antes de la escritura de dialogados; cuando explorábamos el arco de de Cynthia, pensando también en las fases que atravesaba  la escena, salió a relucir Robert Mckee y su consejo de escribir “desde dentro hacia fuera”.

En “El guion”, por medio de un ejemplo de la película Chinatown (Roman Polanski, 1974), McKee explora lo que siente cada personaje en cada momento de la escena. Por resumir, puedo decirte que dediques tiempo de verdad a entrar en los personajes, y no pases por encima de sus intenciones y sentimientos para construir la acción, comprométete con tu escena para dedicar ese tiempo y profundizar más allá de un titular.

¿Cómo entrar dentro de tu escena?

Dos días después, Marcelo estaba en la fase de diálogos de un corto de desamor, en el que un terrible malentendido lleva a pensar a Laura, su protagonista, que su marido en plena luna de miel ha mantenido relaciones con la recepcionista del hotel. Era todo un reto construir el momento en que Laura acaba de descubrir el pastel y espera a su recién estrenado marido para montarle el pollo. Uno de los problemas era que los espectadores sabíamos que todo era un malentendido y eso hacía parecer a la atribulada Laura un poco tontorrona. Pero no lo era, era una mujer destrozada, y tenía que actuar de la peor manera posible, y hacerlo de verdad.

Tras la conversación con Ruth, pensé que a Marcelo le vendría muy bien buscar su modo particular de escribir la escena desde dentro.

Pensamos en Laura y en algún episodio de abandono de su pasado. Para ello Marcelo buscó su propio episodio. Aunque seas joven, seguro que has vivido algo parecido. Se trataba de volver a sentir la amargura que sintió entonces. Rememoró el lugar en el que estaba cuando le llegó el mensaje fatídico, lo que estaba haciendo, quien le acompañaba, el texto del mensaje. Como la realidad supera la ficción, a Marcelo le pilló el abandono en el lago de los delfines de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, vamos, el marco ideal para que te manden a la mierda. Recordando las circunstancias concretas, llegó al núcleo de sus sentimientos, y reviviéndolo, lo llevó al papel primero, como experiencia personal, y luego a la habitación del hotel de Laura, un resort en Cancún con vistas al mar. Apuesto que a unos kilómetros podían avistarse delfines, como los de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Todo esto os lo cuento con permiso de Marcelo, que en la siguiente sesión trajo una escena viva, punzante y emotiva. Una Laura que sin tener razón, tenía toda la razón del mundo.

En la vida no estoy segura, pero en la escritura  si haces tu trabajo, se produce la magia. No es casualidad que Robert McKee, cuando habla de escribir desde dentro cite a Stanislavski.