Ideas de una guionista para revertir el Brexit

Hoy voy a hablarte de estrategias en el acto tercero para construir un final feliz. Lo bueno de las películas es que las cosas ocurren como a ti te da la gana. A veces los personajes se te rebelan un poco, pero en general, si estás a favor del amor, tienes en tu mano que las cosas acaben bien.

Union Jack
Union Jack

A mí no suelen gustarme los finales felices, y además, pese a las apariencias, no son nada fáciles de escribir. Hay muchos elementos que cuadrar, y si no quieres parecer sentimentaloide, hay que hacerlo con cierta gracia. Para que un final feliz tenga emoción, la primera norma es hacer a los implicado pasar por momentos malos de verdad, tan malos que hasta el último instante nos parezcan irreversibles.

Me ha venido a la cabeza el resultado del referéndum del Reino Unido y el resacón del Brexit. Si sobre el papel has hecho volver a parejas que lo tenían muy pero que muy chungo, ¿por qué no usar las mismas herramientas para hacer volver a Reino Unido a la UE?

Imaginemos una comedia romántica en la que una mujer abandonada quiere recuperar a un hombre que le ha dado puerta. Por ubicarnos, el punto de giro del acto segundo ha sido una tremenda discusión, la definitiva, y en el arranque del acto tercero, él moja el croissant en el café sumido en un inquietante silencio. Avanzamos hacia la mitad del acto tercero con nuestra heroína llegando de clase de zumba y encontrándose una nota en la nevera en la que él le dice que está en casa de sus padres y que su primo Carlos irá con la furgoneta a buscar sus cosas. Es entonces cuando nuestra prota se da cuenta de que no quiere perderlo.

En este punto te voy a proponer cuatro estrategias clásicas, pero antes debo recordarte algo importante en el desarrollo narrativo: lo que está en juego debe ser crucial, y por eso, bajo presión hacemos cosas inusuales y excesivas. Parece que en este aspecto el paralelismo con el Brexit funciona porque los informativos de los últimos dos días indican que la pérdida del Reino Unido para la UE es un daño de verdad dramático. En la mayoría de estrategias de recuperación que te propongo a continuación, es clave además que la otra persona sepa cuánto nos importa.

– Hacer algo loco y hacerlo en público. Esta primera estrategia es un clásico de la comedia romántica. Te sonará lo de surcar el cielo con un avión que lleva un cartel “vuelve, Vicente”, o lo de ir a su programa preferido, el de Vicente, para declarar ante la audiencia nuestro amor y reconocer nuestros errores. Es una estrategia muy eficiente, porque lo normal es que en el otro quede todavía algo del amor que un día hubo en abundancia, y eso mezclado con un poquito de pena, cierto sentido de la vergüenza ajena y bastante vanidad, puede facilitar que el interfecto vuelva.

En la aplicación de esta estrategia al Brexit, se me ocurre que una selección de europeos, uno por cabeza británica a la fuga, surquen el cielo de la gran Bretaña arrojándose al unísono en paracaídas con la Union Jack, la bandera del Reino Unido, ondeando en sus manos. Es visual, arriesgado, público y un poco absurdo.

– El referente simbólico. La segunda estrategia que puedes usar como guionista es una mezcla del buen uso de un referente simbólico con su aliado natural, la anticipación-cumplimiento. Me refiero a clásicos como dejar en el buzón de voz una canción de amor que previamente hemos mostrado en un contexto feliz, o enviar por mensajería una nueva y cotizada pieza para esa colección de posavasos que tanta discusiones provocó en los idílicos tiempos perdidos de vida en pareja. Aquí debes desplegar sin compasión toda tu moñería y concentrarla en ese objeto, la canción o el posavasos; piensa que con ellos estás bombardeando los cimientos de la decisión de Vicente.

En lo que nos incumbe, el Brexit, la recuperación del amor del ingles y de la inglesa, puede llevarse a cabo recordando nuestros mejores momentos con uno de ellos. Después se selecciona un objeto relevante que enviaremos por correo o mejor llevaremos personalmente, si es que nos dejan entrar en el país. Por ejemplo, en mis tiempos de estudiante en Berlín, hice amistad con una señora inglesa, Charlène que me dio a conocer el menú vegetariano del campus universitario. Un día nos cogimos gastroenteritis con una coliflor en salsa y estuvimos fatal durante tres días. Se me ocurre que podría hacerle llegar un tupper de coliflor en salsa para revivir aquellos grandes momentos en común.

Y así cada ciudadano o ciudadana comunitaria podría currárselo con su alter ego británico. Visto desde fuera es bastante ridículo y eso significa que vamos por el buen camino; los referentes amorosos del universo de una pareja son un poco bochornosos a ojos de los demás.

–  Los celos. La tercera opción es la clásica  estrategia de dar celos, para que el otro vea lo que se pierde al habernos dejado. Personalmente siento una profunda antipatía hacia esta opción porque apela a un sentimiento enfermizo y porque si no hilamos muy fino, cuestiona una de las premisas de la trama: que lo que hemos perdido realmente tiene mucho valor. En el universo de la pareja se traduce en colgar fotos en Instagram con un señor de un país sexi, por ejemplo Brasil, retozando en una playa paradisiaca. Su equivalente de cara a revertir el Brexit sería proponer la entrada en la Unión Europea a un país exótico, como  las Islas Seychelles.  Ya he dicho que no me gusta esta opción a título personal, y además alargaría en exceso el tercer acto; el momento de los celos puede dar lugar a un clímax de reconciliación inmediato, pero suena un poco precipitado. En definitiva, un tercer acto largo que en su respuesta a la cuestión central ahonda en la disfunción sentimental de tus protagonistas, ¡puaf!

–  Que impere la razón. Hay por último, otras estrategias, como estudiar qué es lo que ha fallado e intentar solucionarlo. Para recuperar a una pareja que se ha distanciado por falta de chispa en la cama, propondríamos una radical renovación en la ropa interior y la incorporación de algunos juguetes sexuales. En el terreno político, una de las principales quejas del pueblo británico es la falta de democracia en las instituciones, así que para solucionarlo se podría apostar por limitar las atribuciones del Consejo, órgano no electo, para ponerlas en manos del Parlamento, por ejemplo. La desventaja de esta opción es que es demasiado razonable y nos quita impacto y emoción… Y ya sabes que soy muy fan de los sentimientos descarnados en el clímax. También implica, en el caso del Brexit, un exceso de burocracia, que es otro de los motivos que han alejado a la Gran Bretaña de nuestros brazos. A veces lo razonable es enemigo de las buenas historias.

Por lo tanto, te propongo una de las dos primeras opciones o mejor aún, una combinación de ambas. Como ciudadana comunitaria, me ofrezco para localizar a Charlène y apelar a su fibra sensible con nuestros recuerdos comunes de Berlín. Ella vestía de azul  y los alemanes vestían de gris, lo recuerdo. Me tiraría en paracaídas con mi tupper de coliflor en salsa y llegaría arrastrando mi peroné roto hasta su casa. Al mismo tiempo, miles de ciudadanos y ciudadanas de toda Europa harían lo propio con sus almas gemelas británicas.

Para que todo el mundo desee la reconciliación, como guionista debes tener la habilidad de demostrar que en el fondo de su corazón, Charlene y el resto de la población británica ama tiernamente a Europa, y que su marcha no fue más que amor herido. Con Billy Wilder muerto, ¿quien es capaz de abordar con éxito tan espinosa tarea?

Autor: cadelcobre

Documentalista, guionista y profesora de guion

3 comentarios en “Ideas de una guionista para revertir el Brexit”

  1. ¡Formemos la “Brigada de las Cauliflowers”! Las mejores soluciones no suelen ser las hiperracionales sino las que se acompañan de bechamel emocional. No sé si hace falta romperse el peroné, la crisma o nos valdría con un esguince (aunque no sé qué es peor; quizá la ruptura, que para ablandar a los ingleses…), pero la solución es ¡¡brillante!!, amiga mía.

    ¡Un abrazo! ;D

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  2. Sí estaría bien una comedia romántica con muchos personajes y varias historias paralelas, del estilo de Love Actually, con el tema del Brexit de nexo de unión entre ellas. El final más que muy feliz que sea abierto, no dramático.

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