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Escribir desde dentro

Antes de abalanzarte sobre la escena dialogada, acércate a tus personajes, o mejor, entra en ellos.

Brenda Blethyn _marianne jean-Baptiste en Secretos y mentiras
Secrets et mensonges Secrets and lies 1996 Real : Mike Leigh Brenda Blethyn Marianne Jean Baptiste COLLECTION CHRISTOPHEL

El otro día, Ruth y yo compartimos una sesión del curso on line dedicada al análisis de la escena. Ruth trajo hasta nuestra sesión uno de los momentos clave de Secretos y mentiras (Mike Leigth, 1996), cuando Hortense y Cynthia, su madre biológica se conocen. En una escena memorable, Cynthia comienza negando que Hortense, de raza negra, pueda ser su hija, puesto que no recuerda  haberse acostado con un hombre negro. Ante nuestros ojos, Cynthia recuerda la relación. Quien ha visto la película no puede olvidar a Brenda Blethyn.

Hicimos todo el análisis de la escena, el que te pido que practiques antes de la escritura de dialogados; cuando explorábamos el arco de de Cynthia, pensando también en las fases que atravesaba  la escena, salió a relucir Robert Mckee y su consejo de escribir “desde dentro hacia fuera”.

En “El guion”, por medio de un ejemplo de la película Chinatown (Roman Polanski, 1974), McKee explora lo que siente cada personaje en cada momento de la escena. Por resumir, puedo decirte que dediques tiempo de verdad a entrar en los personajes, y no pases por encima de sus intenciones y sentimientos para construir la acción, comprométete con tu escena para dedicar ese tiempo y profundizar más allá de un titular.

¿Cómo entrar dentro de tu escena?

Dos días después, Marcelo estaba en la fase de diálogos de un corto de desamor, en el que un terrible malentendido lleva a pensar a Laura, su protagonista, que su marido en plena luna de miel ha mantenido relaciones con la recepcionista del hotel. Era todo un reto construir el momento en que Laura acaba de descubrir el pastel y espera a su recién estrenado marido para montarle el pollo. Uno de los problemas era que los espectadores sabíamos que todo era un malentendido y eso hacía parecer a la atribulada Laura un poco tontorrona. Pero no lo era, era una mujer destrozada, y tenía que actuar de la peor manera posible, y hacerlo de verdad.

Tras la conversación con Ruth, pensé que a Marcelo le vendría muy bien buscar su modo particular de escribir la escena desde dentro.

Pensamos en Laura y en algún episodio de abandono de su pasado. Para ello Marcelo buscó su propio episodio. Aunque seas joven, seguro que has vivido algo parecido. Se trataba de volver a sentir la amargura que sintió entonces. Rememoró el lugar en el que estaba cuando le llegó el mensaje fatídico, lo que estaba haciendo, quien le acompañaba, el texto del mensaje. Como la realidad supera la ficción, a Marcelo le pilló el abandono en el lago de los delfines de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, vamos, el marco ideal para que te manden a la mierda. Recordando las circunstancias concretas, llegó al núcleo de sus sentimientos, y reviviéndolo, lo llevó al papel primero, como experiencia personal, y luego a la habitación del hotel de Laura, un resort en Cancún con vistas al mar. Apuesto que a unos kilómetros podían avistarse delfines, como los de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Todo esto os lo cuento con permiso de Marcelo, que en la siguiente sesión trajo una escena viva, punzante y emotiva. Una Laura que sin tener razón, tenía toda la razón del mundo.

En la vida no estoy segura, pero en la escritura  si haces tu trabajo, se produce la magia. No es casualidad que Robert McKee, cuando habla de escribir desde dentro cite a Stanislavski.

Pregúntale a David Lynch

David Lynch

“Buenos días, profe me gustaría preguntarte en qué circunstancia nos podemos saltar en nuestro cortometraje las reglas de la lógica”

Esto me lo soltaba Vero, así sin anestesia, en el ejercicio de la unidad seis. Luego me explicaba que en su historia de una mujer hospitalizada tras un terrible accidente, el cuerpo le pedía “saltárselo todo”. La protagonista de su cortometraje estaba sola en la vida; solo tenía a Rufus, su gato, que la esperaba en casa. Ella estaba enchufada a un montón de máquinas y no era capaz de comunicarse con nadie para alertar sobre Rufus. Vero, en medio de la tortura psicológica de su personaje, quería hacer llegar al gato al hospital, y que su prota viera asomar sus orejitas peludas a través de la cristalera de la UCI ; quería hacerlo para luego luego mostrarnos que no era real y que era un producto de todo lo que le habían metido para que no le doliera ni física ni moralmente la ausencia de su pierna, de la mano derecha y del bazo. En realidad el pobre Rufus moría de inanición en su casa mientras ella lo flipaba con la morfina (os lo cuento, como siempre con permiso de la autora).

Vero sabe de sobra que en la escritura de guión soy una mujer implacable con la lógica causa-efecto, y aunque las historias con gatos me ablandan bastante, ella se cubría las espaldas y formulaba la pregunta por delante, por si acaso. El corto de Vero se mantiene en los límites de la lógica,  pero eso no me eximía de responder a la pregunta del principio. Al final de mi correo, le contesté:

“Sobre la pregunta con la que iniciabas tu mail, no sé, Vero, pregúntale a David Lynch”

Esa misma noche, en el metro, viajaba una mujer muy mayor, pasaría los 80. Pequeña, de ojos claros y encorvada. Varios detalles la libraban de ser una abuelita de cuento: ir en transporte público a las once de la noche, llevar zapatillas de estar por casa, y sonreír demasiado estando sola. En el vagón entró una chavala con vestimenta hippie,  guapa a rabiar pese a que le faltaban dos dientes y no había metido el peine en su prodigiosa melena color castaño desde Año Nuevo, por lo menos; iba acompañada de dos perros  sueltos que invadieron el vagón con su intenso olor a chuchos callejeros. La anciana se agachó de un modo milagroso para su edad y los acarició. Ellos le chupaban la mano con fervor .

—¿Cómo se llaman?

—Pili y Mili —respondió la chica despeinada.

Me pregunté quien era Pili y quien Mili. Saltaba a la vista que uno de ellos era macho.

—Yo también tengo una —dijo la anciana—. Le encantan los caramelos de menta.

—Y a mí —respondió la hippie con bastante desgana .

El metro paró en Delicias, la anciana sonrió aún más, y con la mano derecha echó una bendición a los perros y salió del vagón.

Yo iba a legazpi, pero me quedé pensando que a lo mejor aquella mujer era Dios, me pasé de estación y me bajé en Almendrales. Fue la única cosa lógica que ocurrió en aquel vagón.

No intento contestar a la pregunta de Vero, solo me moría de ganas de contar esto.

Ama a tu antagonista

Besos a Darth Vader
Besos a Darth Vader en Juguetrónica

En nuestra sesión sobre los personajes, Javi y yo hablamos mucho del antagonista; desde entonces, seguimos el consejo bíblico de amar a los enemigos. Somos mejores personas y lo más importante, mejores guionistas.

En el curso de guion on line, cuando andamos con los personajes entre manos, suelo pedir un análisis sobre el antagonista, el de tu historia, si lo hay, y también el de las películas que hemos analizado. Lo hago porque definir las modalidades y roles del antagonista es una tarea infinita  y porque la exhaustividad clasificatoria me parece una pérdida de tiempo; cada antagonista es de su padre y de su madre. Desde villanos implacables hasta miedos internos.

Hacer tú ese trabajo te permite indagar en el antagonista de tu cortometraje y si tiendes a la intensidad existencial, en los de tu propia vida.

El otro día, Javi vino a la sesión con Esteban, un personaje con un complejo de Edipo como un piano. El personaje, ya crecidito, estaba muy necesitado de un psiquiatra desde hace tiempo, pero lo había ido dejando y la cosa se le había ido bastante de las manos. Durante la sesión de Skype nos pusimos a indagar en su antagonista. Uno era él mismo, y el otro la madre. Madre abnegada, que quiere a su hijo más que a sí misma…Y que se ocupa de mantener las riendas bien sujetas.

El caso clínico de Esteban, como te comentaba, es bastante grave. El caso es que, como siempre, intentando sacar el máximo partido del conflicto, la antagonista, la buena madre, se convertía sin querer en una villana que rebaja al mismísimo Joker a la categoría de aspirante. Y lo mejor de todo es que la mujer no intentaba hacer el mal. Y este es el momento en que la madre de Esteban y yo aprovechamos para pedirte que cuides el termostato de la maldad. Hay que llevarlo justo al punto en que te da lo que necesitas, el punto máximo, y hacerlo sin pasarte a lo inverosímil, lo exagerado o lo grotesco. A estas alturas ya sabes que depende del tono de tu historia, ¿verdad?  Javi le encontró la medida exacta a su comedia negra. Aprieta, pues, las tuercas de tu antagonista para sacarle el máximo partido, pero mide que la dosis mezcle bien con los otros ingredientes.

Te comentaba antes de lo del termostato, que la madre no era villana en plan colmillo brillante. Era villana por su propia humanidad. Porque si su hijo sale del nido, su vida no tendrá sentido. Y esto la hace antagonista implacable. Por ser tan dolorosamente humana, podemos subir la intensidad sin perder verosimilitud, sin caer en el estereotipo, sin deformar la trama. La humanidad de la antagonista es uno de los principales valores del corto. Es esa humanidad la que dota en última instancia de dramatismo, de potencia narrativa y de humor negro a la historia de Javi.

Al fin, en esta indagación sobre protagonistas y antagonistas de la mano de Esteban, su madre y el mismísimo Edipo, llegamos a una tercera conclusión. La mayoría de los personajes no pasarían de “la vida ordinaria” si no fuera por sus antagonistas. Luke Skywalker seguiría siendo un granjero sin Darth Vader. Rick, de Casablanca seguiría siendo un descreído, un amargado y un cínico sin el mayor Strasser olisqueando el rastro de los salvoconductos, y sobre todo sin un competidor a la altura de Víctor Laszlo.

El verdadero potencial de tu personaje aflora gracias a su antagonista. Así que en la ficción y en la vida, ámalo, ama con todas tus fuerzas a tu antagonista.

Una tortuga en tu argumento

Patricia Highsmith en su libro "Suspense" explica detalles sobre su proceso de escritura.
Patricia Highsmith en su libro “Suspense” explica detalles sobre su proceso de escritura.

Para muchos de vosotros, y quizá para ti, la búsqueda de idea para un cortometraje no es un problema. Si estás siguiendo un curso de guion probablemente ya tienes una idea o varias en la cabeza. Con cierta frecuencia el problema aparece más tarde: cuando hay que desarrollar el argumento, y después de la exposición de la idea necesitas buscar un desarrollo interesante. En la escritura de la storyline es frecuente toparse de frente con la falta de trama eficaz (e incluso ineficaz) que proporcione el soporte dramático que necesita tu idea. Si ocurre en un cortometraje, te puedes imaginar que en un largometraje o en un episodio de televisión, la búsqueda de argumentos que den forma a una idea es uno de los pasos cruciales del proceso. Evidente, ¿verdad? Pero los argumentos no llegan solos y te sorprendería comprobar la cantidad de ideas que rulan por ahí pidiendo a gritos una trama.

Si ya tienes el argumento que ponga en pie tu idea, te puedes encontrar con que le falta fuerza. Y esa fuerza debe venir de un elemento narrativo que no acabas de encontrar. Me gustaría inventar una fórmula matemática para encontrar ese elemento definitivo, pero no la tengo. No tienes más remedio que entrar en la inquietante fase de la búsqueda. Esto de no encontrar la fórmula es bastante positivo, porque precisamente en medio de esos problemones sientes en tu interior que te estás convirtiendo en un auténtico guionista, en una auténtica guionista, y eso, pese a la desesperación, da bastante gustito.

A falta de fórmulas , te traigo a la mismísima Patricia Highsmith, para que corra en tu auxilio. En su libro “Suspense” una de las joyas bibliográficas sobre escritura que no me canso de recomendar, nos deja una sugerencia que quiero compartir en este post.

Patricia Highsmith cuenta cómo muchas veces tiene en su cabeza ideas que se mantienen ahí durante un tiempo, pero que necesita unirse al germen de otra historia para crecer. Uno de sus relatos “la tortuga de agua dulce” estuvo en su cabeza durante cerca de un año, pero no encontraba el elemento que la llevase al papel. Trata de una madre viuda, dibujante comercial que tiene un hijo de diez años al que ha convertido en un pequeño “neurótico atormentado” a base de hacerle llevar ropa demasiado infantil y de obligarle a alabar sus dibujos. Un día, Patricia Highsmith encontró en un libro de cocina una terrible receta de estofado de tortuga. La tortuga debía ser hervida viva . La receta le reveló lo que necesitaba para dar forma a su historia. Transcribo unas líneas de “suspense”:

La madre llega a casa con una tortuga de agua dulce para preparar un estofado. Al principio el pequeño cree que la tortuga es para él (….)el pequeño presencia la muerte del animalito en agua hirviente y todo el resentimiento reprimido y el odio que su madre le inspira salen a la superficie.

Y no cuento más.

El argumento de tu cortometraje agradecerá un elemento narrativo que le dé potencia y cohesión; y si al mismo tiempo inventas una exquisita venganza contra las cocineras cruentas, mejor. Los reptiles de agua dulce y el universo te lo agradecerán con un contrato en Hollywood.

En vacaciones, no habrá paz para los guionistas

Ernesto Echevarría salió de Santiago de Compostela a finales de julio, y volvió el día 23 de agosto convertido en las hermanas gemelas, Daniela y Gabriela, dos rubias despampanantes, sin compasión y con sed de venganza.

Este verano, nuestro curso on line se ha tomado un mes de vacaciones, pero los guionistas potenciales no han parado. Unos cuantos, unas cuantas, de viaje o no, han cruzado agosto con el cometido de trabajar en una primera versión de su cortometraje.

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Y con la vuelta, una pregunta recurrente, ¿hasta dónde puedo hacer cambios en mi cortometraje? Este post intenta contestar a esa pregunta.

La respuesta está clara: hasta donde tú quieras, es tu guion.

Si te has marchado de vacaciones con una escaleta, probablemente tengas algunas propuestas de cambio y antes de escribir debes pensar cuáles llevar a cabo y cuáles no. Habremos intentado buscar las debilidades de tu historia y la tarea es decidir cómo solucionarlas; puede que tengas que encontrar una resolución menos casual, o que tu trama pida a gritos un giro imprevisible. Quizá debas construir una situación más visual para ahorrar explicaciones de esas que empantanan la recta final de tu cortometraje.

En esta fase son frecuentes dos problemas: el exceso de perfeccionismo y su contrario, las pocas ganas de enfrentarte a preguntas hasta el final, con todas sus consecuencias y no parar hasta que la respuesta y su traducción dramática te convenzan al cien por cien. El resultado es la parálisis, ¿te tienes que preocupar? Si. Preocúpate mucho porque no te pasará solo en los inicios de tu trayectoria como guionista. Te ocurrirá hasta el final de tus días, así que ya te puedes ir acostumbrando. Pero no dramaticemos. En el fondo los mayores problemas son también poderosos estímulos.

Después de un duro proceso o quizá en un momento de relax, viene a ti la idea genial que buscaste unas semanas antes y no conseguiste encontrar… Pero, ¿y si la idea lleva consigo cambios muy significativos en la trama?

Puede que vuelvas de tus felices vacaciones con un corto diferente. Nuestra tarea entonces será acabar el anterior y después, cuando finalices el curso, enhorabuena, ya tienes una nueva historia en la que trabajar.

Otras veces, la idea supone cambios considerables, pero refuerza el espíritu de tu historia , la hace más interesante y el cambio se convierte en una pieza maestra que le da color, profundidad, o movimiento cuando lo necesitaba. Y decidimos en nombre de un bien mayor, sacrificar parte de ese trabajo que has hecho en las fases anteriores de construcción de tu guion .

En este arranque de septiembre me he encontrado finales redondos, arranques aligerados y algún corte milimétrico de 250 palabras . La conversión de Ernesto Echevarría en las dos gemelas que te comentaba al principio llegó desde un inspirador tren que llevaba a Cristina, su autora, de San Petersburgo a Moscú.

Además de estas dos hermanas llegadas del frío que nos presta Cristina para el post, Uriel, nos ilustra con otro ejemplo. Su tarea era mostrar la razón por la que Hugo, su personaje principal, le quita la novia a su mejor amigo la mañana misma de la boda. Tras un fin de semana en El Escorial, Uriel volvió con una subtrama que no aguantó la primera semana de septiembre: alargaba demasiado el corto. Sin embargo gracias a esa búsqueda, Uriel acabó encontrando una forma más rápida y eficaz de mostrar las motivaciones en el arranque del cortometraje, durante despedida de soltero del desafortunado amigo.

Contra todo pronóstico, la conversión de Ernesto Echevarría en las hermanas Daniela y Gabriela ha sobrevivido al verano. Cristina consiguió su objetivo: mostrar dos caras de una misma motivación. Además el corto tenía un punto cómico y algo absurdo que salió reforzado.

Cuándo estés solo/a y te enfrentes a un cambio de estas características, distánciate y simplemente decide si los cambios que se tan ocurrido en el chiringuito de playa, en el condado de Galway o en una Quinta de Tavira hacen mejor tu historia . Puede que te equivoques en tu decisión, pero en el curso, cuando revisamos juntos, también podemos equivocarnos.

Quédate con un consejo: nunca agravies a un amigo en tu despedida de soltero.

Ideas de una guionista para revertir el Brexit

Hoy voy a hablarte de estrategias en el acto tercero para construir un final feliz. Lo bueno de las películas es que las cosas ocurren como a ti te da la gana. A veces los personajes se te rebelan un poco, pero en general, si estás a favor del amor, tienes en tu mano que las cosas acaben bien.

Union Jack
Union Jack

A mí no suelen gustarme los finales felices, y además, pese a las apariencias, no son nada fáciles de escribir. Hay muchos elementos que cuadrar, y si no quieres parecer sentimentaloide, hay que hacerlo con cierta gracia. Para que un final feliz tenga emoción, la primera norma es hacer a los implicado pasar por momentos malos de verdad, tan malos que hasta el último instante nos parezcan irreversibles.

Me ha venido a la cabeza el resultado del referéndum del Reino Unido y el resacón del Brexit. Si sobre el papel has hecho volver a parejas que lo tenían muy pero que muy chungo, ¿por qué no usar las mismas herramientas para hacer volver a Reino Unido a la UE?

Imaginemos una comedia romántica en la que una mujer abandonada quiere recuperar a un hombre que le ha dado puerta. Por ubicarnos, el punto de giro del acto segundo ha sido una tremenda discusión, la definitiva, y en el arranque del acto tercero, él moja el croissant en el café sumido en un inquietante silencio. Avanzamos hacia la mitad del acto tercero con nuestra heroína llegando de clase de zumba y encontrándose una nota en la nevera en la que él le dice que está en casa de sus padres y que su primo Carlos irá con la furgoneta a buscar sus cosas. Es entonces cuando nuestra prota se da cuenta de que no quiere perderlo.

En este punto te voy a proponer cuatro estrategias clásicas, pero antes debo recordarte algo importante en el desarrollo narrativo: lo que está en juego debe ser crucial, y por eso, bajo presión hacemos cosas inusuales y excesivas. Parece que en este aspecto el paralelismo con el Brexit funciona porque los informativos de los últimos dos días indican que la pérdida del Reino Unido para la UE es un daño de verdad dramático. En la mayoría de estrategias de recuperación que te propongo a continuación, es clave además que la otra persona sepa cuánto nos importa.

– Hacer algo loco y hacerlo en público. Esta primera estrategia es un clásico de la comedia romántica. Te sonará lo de surcar el cielo con un avión que lleva un cartel “vuelve, Vicente”, o lo de ir a su programa preferido, el de Vicente, para declarar ante la audiencia nuestro amor y reconocer nuestros errores. Es una estrategia muy eficiente, porque lo normal es que en el otro quede todavía algo del amor que un día hubo en abundancia, y eso mezclado con un poquito de pena, cierto sentido de la vergüenza ajena y bastante vanidad, puede facilitar que el interfecto vuelva.

En la aplicación de esta estrategia al Brexit, se me ocurre que una selección de europeos, uno por cabeza británica a la fuga, surquen el cielo de la gran Bretaña arrojándose al unísono en paracaídas con la Union Jack, la bandera del Reino Unido, ondeando en sus manos. Es visual, arriesgado, público y un poco absurdo.

– El referente simbólico. La segunda estrategia que puedes usar como guionista es una mezcla del buen uso de un referente simbólico con su aliado natural, la anticipación-cumplimiento. Me refiero a clásicos como dejar en el buzón de voz una canción de amor que previamente hemos mostrado en un contexto feliz, o enviar por mensajería una nueva y cotizada pieza para esa colección de posavasos que tanta discusiones provocó en los idílicos tiempos perdidos de vida en pareja. Aquí debes desplegar sin compasión toda tu moñería y concentrarla en ese objeto, la canción o el posavasos; piensa que con ellos estás bombardeando los cimientos de la decisión de Vicente.

En lo que nos incumbe, el Brexit, la recuperación del amor del ingles y de la inglesa, puede llevarse a cabo recordando nuestros mejores momentos con uno de ellos. Después se selecciona un objeto relevante que enviaremos por correo o mejor llevaremos personalmente, si es que nos dejan entrar en el país. Por ejemplo, en mis tiempos de estudiante en Berlín, hice amistad con una señora inglesa, Charlène que me dio a conocer el menú vegetariano del campus universitario. Un día nos cogimos gastroenteritis con una coliflor en salsa y estuvimos fatal durante tres días. Se me ocurre que podría hacerle llegar un tupper de coliflor en salsa para revivir aquellos grandes momentos en común.

Y así cada ciudadano o ciudadana comunitaria podría currárselo con su alter ego británico. Visto desde fuera es bastante ridículo y eso significa que vamos por el buen camino; los referentes amorosos del universo de una pareja son un poco bochornosos a ojos de los demás.

–  Los celos. La tercera opción es la clásica  estrategia de dar celos, para que el otro vea lo que se pierde al habernos dejado. Personalmente siento una profunda antipatía hacia esta opción porque apela a un sentimiento enfermizo y porque si no hilamos muy fino, cuestiona una de las premisas de la trama: que lo que hemos perdido realmente tiene mucho valor. En el universo de la pareja se traduce en colgar fotos en Instagram con un señor de un país sexi, por ejemplo Brasil, retozando en una playa paradisiaca. Su equivalente de cara a revertir el Brexit sería proponer la entrada en la Unión Europea a un país exótico, como  las Islas Seychelles.  Ya he dicho que no me gusta esta opción a título personal, y además alargaría en exceso el tercer acto; el momento de los celos puede dar lugar a un clímax de reconciliación inmediato, pero suena un poco precipitado. En definitiva, un tercer acto largo que en su respuesta a la cuestión central ahonda en la disfunción sentimental de tus protagonistas, ¡puaf!

–  Que impere la razón. Hay por último, otras estrategias, como estudiar qué es lo que ha fallado e intentar solucionarlo. Para recuperar a una pareja que se ha distanciado por falta de chispa en la cama, propondríamos una radical renovación en la ropa interior y la incorporación de algunos juguetes sexuales. En el terreno político, una de las principales quejas del pueblo británico es la falta de democracia en las instituciones, así que para solucionarlo se podría apostar por limitar las atribuciones del Consejo, órgano no electo, para ponerlas en manos del Parlamento, por ejemplo. La desventaja de esta opción es que es demasiado razonable y nos quita impacto y emoción… Y ya sabes que soy muy fan de los sentimientos descarnados en el clímax. También implica, en el caso del Brexit, un exceso de burocracia, que es otro de los motivos que han alejado a la Gran Bretaña de nuestros brazos. A veces lo razonable es enemigo de las buenas historias.

Por lo tanto, te propongo una de las dos primeras opciones o mejor aún, una combinación de ambas. Como ciudadana comunitaria, me ofrezco para localizar a Charlène y apelar a su fibra sensible con nuestros recuerdos comunes de Berlín. Ella vestía de azul  y los alemanes vestían de gris, lo recuerdo. Me tiraría en paracaídas con mi tupper de coliflor en salsa y llegaría arrastrando mi peroné roto hasta su casa. Al mismo tiempo, miles de ciudadanos y ciudadanas de toda Europa harían lo propio con sus almas gemelas británicas.

Para que todo el mundo desee la reconciliación, como guionista debes tener la habilidad de demostrar que en el fondo de su corazón, Charlene y el resto de la población británica ama tiernamente a Europa, y que su marcha no fue más que amor herido. Con Billy Wilder muerto, ¿quien es capaz de abordar con éxito tan espinosa tarea?

La caracterización de tu personaje

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Mostrar a un personaje, incluso por fuera, tiene sus secretos. Con algunas estrategias sencillas conseguirás que tu personaje se quede en nuestra retina para siempre.

En el curso de guion propongo una mezcla de dos métodos para crear tu personaje. En mi experiencia, da buen resultado la creación muy exhaustiva junto a la construcción en torno a su principal conflicto personal, que muestra diferentes capas del personaje; capas que se van revelando y cambiando hasta llegar a la esencia.

La construcción exhaustiva da al personaje vida, verdad, carne e historia, y la revelación progresiva conecta al personaje y la trama, convirtiéndose en el mejor motor del desarrollo narrativo. Poco a poco iremos desglosando en estos post  aspectos concretos de estas herramientas de creación de personajes.

Hoy me gustaría detenerme un momento en la caracterización, por donde se suele empezar de forma natural a presentar un personaje  durante los preparativos de la escritura de guion. Todos sabemos hacer una caracterización, que no es otra cosa que describir su aspecto físico, pero me gustaría comentar algunas estrategias. Es frecuente durante el curso la pregunta de si hay que dotar al personaje de una caracterización muy cerrada, ¿y si luego encontramos una actriz o un actor con un físico diferente? A través de la práctica acabamos llegando a un consenso entre rasgos físicos generales y aspectos de su caracterización adaptables a cualquier intérprete. Son una especie de declaración de principios visuales y me gusta mucho comprobar cómo casi siempre acabamos encontrando esa perla que coloca ante nuestros ojos a tu personaje único, lo interprete quien lo interprete. La coherencia y el espíritu de esta particular declaración de principios se mantiene, aunque una niña con orejas de soplillo acabe llevando ortodoncia y falda escocesa. Trabajamos, en resumen, con este diálogo entre lo general y lo particular; el trazo grueso y las características intransferibles que perpetúan a tu personaje en nuestra memoria.

Sara nos dejó a Tina, una cuarentona de barrio, deteriorada por jornadas de 12 horas fregando escaleras, un pelo teñido de rubio siempre con raíces y ropa demasiado ajustada para su edad. Inma concibió para su corto a Marcelo (8 años), un niño rico con tez morena y uñas sucias que desentona en un colegio de niños rubios e impolutos. Lleva pantalones siempre rotos por su obstinada costumbre de caerse de la bici. Alberto trajo a este curso a Juan (52), un empleado de banca con pinta de hacer de una transferencia una cuestión de estado. En él solo desentonan, los viernes, las corbatas de dibujitos, acompañamiento inexplicable de su sempiterno traje gris.

También se ha paseado por aquí, esta vez de la mano de Christian, Delia (40), una mujer muy menuda con el rostro escondido tras unas gafas de culo de vaso que viste en plan Audrey Hepburn pero mal, y que tiene una voz un poco chillona. Y nuestro querido Olivier, creación de Mari Jose, ese adolescente con cara angelical que busca su seña de identidad sin pausa, sin convicción y sin acabar nunca de encontrarla: por temporadas adopta una cresta, la ceja cortada, un piercing en la lengua, una visera hacia atrás… “ …pero nunca puede ocultar lo que es, un buenazo que quiere parecer malote”.

La gente normal es así de rara. Tanto, que cuando tu personaje es algo tipo “ chica de 1,65, pelo castaño por los hombros y complexión media”, o “hombre normal para sus 42 años, un poco canoso con gafas”, te propondré que te fijes en quien pulula a tu alrededor y me dibujes con trazo firme aquello que lo hace único. Si tu vecina del tercero estudia guion, a lo mejor lo está haciendo contigo; seguro que te sorprendería comprobar desde la mirada ajena que te miras demasiado en el espejo del ascensor y que  pese a ese cuerpazo esculpido en el gimnasio, tienes unos andares de pato que te darán un lugar de honor entre los personajes del curso,  auténticas joyas de mi escritorio.

Estamos hablando solo del envoltorio. Cuando abrimos el caramelo, empieza de verdad el rock and roll.